Aceptar la vida no vivida también es sanar

APUNTE.COM.DO, REDACCION INTERNACIONAL. -La psicóloga clínica María Padilla explica que muchas personas experimentan un duelo silencioso cuando comprenden que la vida que imaginaron para sí mismas no llegará a hacerse realidad. Puede tratarse de un trabajo soñado, una relación, una ciudad donde deseaban vivir o un proyecto familiar que nunca se concretó.

Según la especialista, este dolor suele intensificarse porque tendemos a idealizar aquello que no vivimos. Al no haber existido realmente, esa vida imaginada nunca tuvo que enfrentarse a problemas, decepciones o dificultades, por lo que permanece en la memoria como una versión perfecta de felicidad y éxito.

Padilla señala que, en muchos casos, no se sufre por la pérdida de algo concreto, sino por lo que representaba emocionalmente. Un empleo puede simbolizar reconocimiento, una casa tranquilidad, una pareja compañía o un viaje libertad. Por eso, despedirse de esos sueños puede resultar tan difícil.

La experta advierte que aferrarse durante años a esa realidad imaginada puede convertirse en una trampa emocional. Mientras la persona sigue enfocada en lo que no ocurrió, deja de prestar atención a las oportunidades y posibilidades que existen en su presente.

Para superar este tipo de duelo, recomienda aceptar la pérdida, validar el dolor y comprender que la felicidad no depende exclusivamente de alcanzar una meta específica. También invita a desarrollar una mirada más compasiva hacia el pasado y reconocer que las decisiones tomadas en otro momento respondían a las circunstancias y conocimientos disponibles entonces.

La psicóloga concluye que la paz emocional suele llegar cuando dejamos de ver nuestro pasado como una colección de errores y comenzamos a entenderlo como una historia humana, imperfecta y valiosa. Comprender el camino recorrido, más que lamentar el que no se tomó, permite avanzar con mayor serenidad y construir nuevas formas de bienestar.

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