Silvio Garattini, el oncólogo de 96 años que desafía al tiempo con ciencia, ética y sencillez
Silvio Garattini no es un jubilado común. A casi un siglo de vida, este médico y fundador del Instituto Mario Negri de Milán sigue yendo a trabajar cada día, viajando con frecuencia y hablando con pasión ante cientos de estudiantes. Su estilo de vida es tan sobrio como su visión de la medicina: sin desayunos, solo dos cafés por la mañana, una naranja exprimida al mediodía y una cena equilibrada con verduras, pescado o pasta y un dulce. “El cerebro necesita azúcar, pero con moderación”, afirma.
No toma vitaminas ni suplementos. Apenas un anticoagulante por un leve episodio de fibrilación auricular. Hace más de cuarenta años que no usa antibióticos y, si tiene fiebre, se queda en casa. Para Garattini, la prevención y el sentido común valen más que cualquier receta.
Con una mirada crítica hacia el modelo médico actual, denuncia que la medicina se ha convertido en un negocio donde prima el beneficio sobre el bienestar. Señala la prescripción excesiva de fármacos como una amenaza, en especial en lo que respecta a la creciente resistencia a los antibióticos, que en Italia cobra miles de vidas cada año.
Más allá de la ciencia, Garattini es un hombre de fe discreta, marcado por la pérdida de dos esposas y una vida atravesada por el amor y el compromiso. Habla con ellas en casa como si aún estuvieran presentes. Cree firmemente en el valor de no hacer daño y en una ética que aplica tanto a su vida personal como profesional.
Padre de cinco hijos, divulgador incansable y figura emblemática de la medicina europea, recuerda con lucidez sus comienzos, sus batallas contra el tabaco y sus convicciones en defensa del uso responsable de animales en la investigación. Aplaude los avances modernos como los organoides y la resonancia magnética, pero jamás ha perdido de vista el equilibrio entre progreso y ética.
“No heredé longevidad”, dice, recordando que su madre falleció a los 67 años. Cree en la prevención, la actividad física, el trabajo y la mente despierta como claves de una vida plena. Sus caminatas diarias son, para él, una forma de meditación.
Silvio Garattini no teme a la vejez ni a la muerte. Vive con aceptación, gratitud y claridad. “Cada día es un regalo”, afirma. Y en esa frase sencilla, se encierra la sabiduría de toda una vida.