La obesidad también pesa sobre el corazón

APUNTE.COM.DO.- La obesidad no afecta únicamente el peso, la movilidad o la apariencia física. También puede aumentar la carga de trabajo del corazón y favorecer condiciones que dañan las arterias, alteran el ritmo cardíaco y elevan el riesgo de insuficiencia cardíaca, infarto y accidente cerebrovascular.

La Organización Mundial de la Salud considera la obesidad una enfermedad crónica y compleja, relacionada con factores biológicos, sociales, ambientales y conductuales. Sus consecuencias no son iguales para todas las personas, pero la evidencia médica la vincula con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y otros problemas de salud.

Más presión y esfuerzo para el corazón

Cuando aumenta la cantidad de tejido graso, el organismo necesita más sangre para abastecerlo. El corazón puede verse obligado a bombear con mayor esfuerzo, mientras que el exceso de grasa también puede contribuir a elevar la presión arterial. Si esa carga se mantiene durante años, el músculo cardíaco puede engrosarse y perder parte de su capacidad para relajarse y llenarse adecuadamente.

El Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos explica que la obesidad puede contribuir a la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada, un tipo en el que el corazón se vuelve más rígido y no se llena con suficiente sangre entre latidos. La presión alta y la diabetes, que pueden coexistir con la obesidad, añaden tensión al sistema cardiovascular.

Presión, colesterol y azúcar en sangre

La obesidad favorece varios factores de riesgo que con frecuencia aparecen juntos: presión arterial elevada, niveles desfavorables de colesterol y triglicéridos, resistencia a la insulina y diabetes tipo 2. Estos cambios pueden acelerar la formación de placas en las arterias y dificultar el flujo de sangre al corazón y al cerebro.

La Asociación Americana del Corazón señala que la obesidad contribuye directamente a riesgos cardiovasculares como la hipertensión, la dislipidemia, la diabetes y los trastornos del sueño. También advierte que la grasa acumulada alrededor del abdomen puede asociarse con riesgo cardiovascular incluso al considerar el índice de masa corporal. Por eso, la evaluación médica puede tomar en cuenta más de una medida y el estado general de cada paciente.

Arritmias, apnea del sueño y otros efectos

El riesgo no se limita a las arterias. La obesidad también se relaciona con mayor posibilidad de fibrilación auricular, una arritmia que puede sentirse como palpitaciones o latidos irregulares y que requiere valoración profesional. Además, el exceso de peso puede favorecer la apnea obstructiva del sueño, en la que la respiración se interrumpe repetidamente durante la noche. La falta de sueño reparador y los descensos de oxígeno pueden repercutir en la presión arterial y la salud del corazón.

La acumulación de grasa en el abdomen y alrededor de órganos internos tiene especial importancia metabólica. Sin embargo, el peso por sí solo no permite determinar el estado cardiovascular de una persona, y tener obesidad no significa que necesariamente se padezca una enfermedad cardíaca. El riesgo depende también de la edad, antecedentes familiares, hábitos, presión arterial, glucosa, colesterol y otras condiciones.

Un problema de salud que requiere atención sin estigma

Especialistas recomiendan abordar la obesidad como una condición médica crónica, no como una falta de voluntad. El acceso a alimentos saludables, el entorno, el sueño, ciertos medicamentos, la genética y diversas enfermedades pueden influir en el peso. El trato respetuoso y una evaluación individual ayudan a diseñar un plan sostenible y seguro.

La atención puede incluir cambios graduales en la alimentación y la actividad física, apoyo conductual y, cuando corresponde, medicamentos o cirugía metabólica. La opción adecuada depende de la historia clínica y debe decidirse con profesionales de salud. Las personas con afecciones cardíacas, renales u otras enfermedades crónicas deben consultar antes de iniciar dietas intensivas, suplementos o rutinas exigentes.

Los controles periódicos permiten detectar y manejar a tiempo la presión alta, el colesterol, la diabetes y la apnea del sueño. La Asociación Americana del Corazón indica que las intervenciones de estilo de vida y la pérdida de peso pueden mejorar varios factores de riesgo; el seguimiento médico ayuda a fijar metas realistas y sostener los avances.

Dolor u opresión en el pecho, falta de aire intensa, desmayo o debilidad repentina requieren atención urgente, independientemente del peso. Reconocer la relación entre obesidad y salud cardiovascular puede ayudar a prevenir complicaciones, pero cada diagnóstico y tratamiento debe establecerse de manera individual.

Fuentes: Organización Mundial de la Salud; Asociación Americana del Corazón; Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos.

Ramiro Estrella
Periodista y abogado
Director ejecutivo de Apunte.com.do

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