APUNTE.COM.DO.- Santo Domingo.- La preocupación por no contar con dinero suficiente para adquirir alimentos, pagar la vivienda, cubrir el transporte o garantizar la educación de los hijos no se limita al ámbito financiero. También puede repercutir en el sueño, las emociones, las relaciones familiares y el desempeño laboral.
El impacto de las dificultades económicas sobre el bienestar emocional fue uno de los puntos tratados durante el inicio de la Semana por la Salud Mental, organizada por la Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis de Santo Domingo, que se extiende desde el 22 de septiembre hasta el 4 de octubre.
El padre Ramón Báez, psicólogo y miembro de la Pastoral de la Salud, señaló que cuando una familia carece de recursos suficientes para satisfacer sus necesidades básicas, la presión puede afectar tanto a los padres como a los hijos.
La inquietud permanente por conseguir alimentos, pagar una vivienda, cubrir el transporte o costear la educación puede alterar la higiene del sueño, el comportamiento emocional y el rendimiento laboral, indicó. "No solamente afecta a los padres, también a los hijos", expresó Báez al referirse al impacto de las condiciones económicas en la dinámica familiar.
No todo es un diagnóstico
La psiquiatra Axinia Martínez manifestó que las condiciones sociales en las que viven las personas son parte de los factores que deben considerarse al hablar de bienestar mental.
El empleo, la vivienda, la educación, los servicios públicos y la seguridad del entorno figuran entre esos elementos. Estas condiciones pueden transformarse en estresores que, según su intensidad y duración, superen los recursos de afrontamiento de una persona y contribuyan a la aparición o agravamiento de problemas como ansiedad, depresión o trastornos adaptativos.
Sin embargo, la especialista hizo una precisión relevante: no todo sufrimiento emocional implica una enfermedad mental.
La tristeza por una pérdida, el miedo ante una enfermedad o la preocupación por problemas económicos pueden ser respuestas normales de una persona frente a circunstancias difíciles.
La atención profesional cobra especial importancia cuando ese malestar se prolonga, se intensifica, limita el funcionamiento diario o excede la capacidad de afrontamiento de la persona.
La presión económica alcanza a toda la familia
Cuando los problemas económicos se extienden, sus efectos pueden abarcar distintas áreas de la vida familiar. Un padre o una madre preocupado por no poder cubrir los gastos del hogar puede sufrir alteraciones del sueño, irritabilidad o dificultades para concentrarse. A la vez, los niños y adolescentes pueden percibir la tensión en casa, incluso si los adultos intentan protegerlos de las preocupaciones.
Por ello, Báez planteó que la respuesta no debe limitarse a atender a la persona que muestra un síntoma. Desde la Pastoral de la Salud, dijo, también trabajan en la concientización, el fortalecimiento de la unión familiar y el acompañamiento de quienes acuden a sus servicios en busca de ayuda.
La prevención empieza con los niños
La coordinadora general de la Pastoral de la Salud, sor Trinidad Ayala Adames, instó a colocar la prevención en el centro de la respuesta a los problemas de salud mental.
Para la religiosa, escuchar a los niños, brindarles afecto, acompañar sus emociones y crear espacios seguros donde puedan expresarse permite identificar de manera temprana posibles dificultades. "La prevención comienza en casa, en la escuela, en la comunidad", afirmó.
La Pastoral considera que esta labor debe involucrar a las familias, los centros educativos, las instituciones públicas, las organizaciones comunitarias y los profesionales de la salud.




