APUNTE.COM.DO.- A los cinco años, Micaela ?nombre ficticio para proteger su identidad? era extremadamente tímida. Le costaba relacionarse incluso con su propia familia y prefería mantenerse aislada.
Su madre, preocupada, decidió buscar ayuda profesional para comprender qué le sucedía. Tras varias evaluaciones, la especialista explicó a la familia que el aislamiento durante la pandemia de covid-19, entre 2020 y 2022, pudo haber incidido en su comportamiento. Entre las recomendaciones estuvo incorporar a su rutina una actividad artística que le permitiera interactuar, expresarse y desarrollar nuevas habilidades. Así fue como Micaela llegó al ballet.
Dos años después, el cambio es notorio. La niña se muestra más segura, sociable y con mayores herramientas para desenvolverse con otras personas.
Su caso refleja una realidad que especialistas y profesores observan con frecuencia: más allá del aprendizaje de una disciplina, el arte puede convertirse en un espacio donde los niños aprenden a conocerse, relacionarse y gestionar sus emociones.
Para Angélica Farías, directora de la academia Mundo Creativo, muchos niños llegan a sus clases de danza tímidos e inseguros. Sin embargo, con el tiempo comienzan a interactuar con sus compañeros y a ganar confianza.
?Ya con el paso del tiempo y las clases se van soltando, van tomando seguridad, confianza, tienen más interacción con el grupo?, explica la docente.
La adaptación no ocurre al mismo ritmo para todos. Algunos niños pueden integrarse rápidamente, mientras que otros necesitan uno, dos o hasta tres meses para sentirse cómodos.
En ese proceso, la danza ofrece una particularidad: permite expresarse sin necesidad de utilizar palabras.
?Como la danza no requiere de palabras, sino de movimientos, este puede expresarlo a través de los mismos movimientos?, señala Farías.
Para un niño reservado, ese espacio puede convertirse en una vía para comunicar emociones que todavía no sabe expresar verbalmente.
Uno de los aprendizajes que deja la danza va más allá de una coreografía. Los niños descubren que no siempre consiguen algo a la primera y que repetir es parte del camino para alcanzar una meta.
Farías explica que las clases están estructuradas alrededor de la repetición y que el acompañamiento del maestro resulta fundamental para que el niño reconozca sus avances.
?No siempre a la primera, tal vez a la segunda, a la tercera, a la cuarta, pero el niño va aprendiendo que en la repetición él puede lograr llegar a su objetivo?, afirma.
Cuando finalmente consigue ejecutar un paso, completar una rutina o presentarse frente a otras personas, experimenta una sensación de logro que fortalece su autoestima.
?Esto representa para ellos un logro y les da la sensación de orgullo y de poder lograr objetivos y metas trazadas?, agrega.
Incluso, aquellos que aprenden con mayor rapidez pueden convertirse en apoyo para sus compañeros, lo que también favorece el liderazgo y la confianza en sus propias capacidades.
La psicóloga y terapeuta familiar Yesmín Meyer explica que las expresiones artísticas pueden convertirse en una vía para exteriorizar emociones que a algunos niños les resulta difícil comunicar mediante palabras.
?Hay personas que de repente les cuesta mucho expresar de forma verbal lo que sienten, entonces prefieren cualquier tipo de arte para manifestar lo que sienten?, sostiene.
La pintura, la danza, la música, el teatro y otras manifestaciones artísticas ofrecen al niño diferentes formas de explorar y comunicar lo que piensa y siente.
Psicóloga y terapeuta familiar Yesmín Meyer.
Esto adquiere especial importancia durante la infancia, una etapa en la que los menores todavía están desarrollando las herramientas necesarias para identificar y expresar sus emociones.
A través de una actividad artística, un niño puede transformar la tristeza, el miedo, la frustración o incluso la ansiedad en movimiento, sonido, color, personajes o historias.
Durante la infancia, los niños también están descubriendo quiénes son, qué les gusta y cuáles son sus habilidades. En ese proceso, el arte puede convertirse en un espacio importante para construir su identidad.
?El niño aprende a identificarse con una u otra cosa?, explica Meyer.
Al practicar una disciplina artística, descubre qué actividades disfruta, cuáles son sus fortalezas y en qué aspectos necesita continuar trabajando. También aprende a relacionarse con otros, seguir instrucciones, respetar turnos y desenvolverse dentro de un grupo.
La experiencia puede ayudarlo, además, a reconocer que existen distintas maneras de hacer las cosas y de expresarse.
Meyer advierte que la elección de una actividad artística debe tomar en cuenta los intereses del niño y no únicamente las preferencias de los padres.
La especialista señala que puede ser beneficiosa para menores que muestran aburrimiento constante, permanecen atrapados en una rutina o presentan dificultades para expresar verbalmente sus emociones.
También puede ofrecerles herramientas para desarrollar habilidades sociales y aprender a manejar situaciones que les generan frustración.
Sin embargo, aclara que no necesariamente debe existir un criterio clínico para que un niño practique una disciplina artística. También puede hacerlo simplemente




