APUNTE.COM.DO.- Santo Domingo.- Los jarabes para la tos, los calmantes y los medicamentos tópicos y dermatológicos requieren especial atención ante el riesgo de adquirir productos falsificados, advirtió Melida Ortiz, médica intensivista.
«Ahora, los de venta libre son más fáciles, el jarabe de la tos, el calmante aquel que me pongo, los que son tópicos, los dermatológicos», explicó a El Día la especialista, quien además es docente y ejecutiva del sector salud, al referirse a estos productos, que pueden adquirirse sin prescripción médica.
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Ortiz señaló que estas categorías están más expuestas a que el consumidor termine comprando un medicamento falsificado, especialmente cuando recurre a recomendaciones de familiares o conocidos, compra por internet o no verifica la procedencia del producto.
Melida. Foto José Francisco
La especialista también llamó la atención sobre el papel de los establecimientos que comercializan medicamentos.
«Lo que coloca en su farmacia tiene que saber de dónde es que está procediendo», indicó, al mencionar la responsabilidad del farmacéutico en la vigilancia de los productos que recibe de sus distribuidores.
Una falsificación puede pasar inadvertida
Juan Miguel Madera, vicepresidente ejecutivo de la Asociación de Representantes, Agentes y Productores Farmacéuticos (ARAPF), afirmó que identificar un medicamento falsificado no siempre resulta sencillo, incluso cuando se cuenta con experiencia en el sector.
Como ejemplo, relató que en República Dominicana se encontró un medicamento pediátrico utilizado para bajar la fiebre cuya falsificación era tan difícil de reconocer que los propios dueños del laboratorio fabricante no lograban distinguirlo del original.
«Los dueños del laboratorio no sabían diferenciar entre el producto falsificado y el producto normal», contó.
Según Madera, la diferencia se identificó por un detalle mínimo del empaque: «Por una tilde que ellos no tomaron, y ahí estuvo la diferencia».
También describió casos en los que se colocan etiquetas sobre las originales con tanta precisión que resulta difícil descubrir la alteración.
Madera. Foto: José Francisco
«Le pegan una etiqueta por arriba tan perfecta que tú no sabes lo que hay debajo», expresó.
La experiencia, explicó, demuestra que la apariencia del envase no basta para garantizar la autenticidad de un medicamento. Tampoco significa que cualquier diferencia en una etiqueta pruebe una falsificación.
Qué debe revisar el consumidor
La guía de buenas prácticas para el cuidado del paciente elaborada por ARAPF recomienda revisar distintos elementos del envase: el nombre comercial, el nombre genérico o principio activo, la composición, la cantidad y presentación, el fabricante, el número de lote, el registro sanitario y la fecha de vencimiento. También incluye las advertencias y las condiciones de venta.
Una fecha ilegible o aparentemente alterada, un empaque manipulado, la ausencia de información sobre el fabricante o la imposibilidad de conocer la procedencia del producto son señales para detenerse y verificar antes de consumirlo.
Madera recordó, sin embargo, que los consumidores no siempre pueden reconocer una falsificación a simple vista. Por eso, la revisión del envase debe acompañarse de la compra en establecimientos autorizados y de la consulta con profesionales de salud ante cualquier duda.
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El precio también puede influir en la decisión. El vicepresidente ejecutivo de ARAPF recordó una experiencia comercial en la que un comprador recibió dos opciones de un medicamento conocido, una de las cuales costaba aproximadamente una cuarta parte de la otra. El cliente eligió la más barata.
El episodio ilustra cómo una diferencia considerable de precio puede resultar atractiva, aunque Madera no presentó ese caso como una medida de la frecuencia con que ocurre la falsificación. Un precio bajo, por sí solo, tampoco demuestra que el producto sea falso.
El riesgo no termina en la farmacia
La seguridad de un medicamento depende de toda su cadena de suministro. Las guías de ARAPF representan las etapas que van desde la investigación, el desarrollo y la fabricación hasta el registro para comercialización, la selección del producto, la compra, la distribución, la dispensación y el uso por el paciente.
Esta perspectiva coincide con la advertencia de Madera de que el problema no debe atribuirse exclusivamente a los establecimientos informales.
«No nos enfoquemos en farmacias única y exclusivamente», expresó.
Según explicó, los productos de procedencia dudosa también pueden llegar a clínicas y hospitales.
El representante del sector describió el problema como una «falla sistémica», en la que intervienen distintos eslabones de la cadena y que requiere vigilancia de las autoridades, los distribuidores, los establecimientos y los propios pacientes.
La conservación es otro aspecto importante. Durante la entrevista, Madera advirtió que un medicamento puede sufrir alteraciones si se expone a condiciones inadecuadas de temperatura, humedad o luz, aunque originalmente sea legítimo.
Melida y Madera. Foto: José Francisco
«Muchas veces hay un líquido que debe de estar transparente y está turbulento. Y tiene cualquier cambio de color», señaló. Añadió que esas alteraciones constituyen alertas, aunque n





