Hipertensión en jóvenes y atletas: un riesgo que no excluye el deporte

APUNTE.COM.DO.- Durante años se ha vinculado la juventud y la práctica deportiva con un estado de salud absoluto. No obstante, la evidencia científica indica que esa creencia no siempre se corresponde con la realidad.

Hoy se sabe que un adolescente, un estudiante universitario o incluso un atleta de alto rendimiento pueden desarrollar hipertensión arterial.

El aspecto positivo es que, cuando se detecta a tiempo, la condición puede controlarse y, en la mayoría de los casos, no implica abandonar la actividad deportiva.

Samuel Guzmán, cardiólogo de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (CEDIMAT), señala que durante mucho tiempo la hipertensión se consideró una enfermedad propia de personas mayores. Era poco frecuente que un joven se preocupara por medirse la presión arterial, y muchos entrenadores, padres e incluso deportistas daban por hecho que quien entrenaba varias horas al día estaba protegido de forma automática.

Esa percepción está cambiando. Investigaciones recientes realizadas en miles de jóvenes han hallado que una proporción significativa presenta cifras elevadas de presión arterial, incluso entre quienes practican deporte con regularidad. En un análisis de casi 2,000 jóvenes de entre 9 y 35 años, aproximadamente uno de cada cuatro mostró cifras compatibles con prehipertensión y casi uno de cada cinco tenía hipertensión arterial, sin diferencias relevantes entre atletas y personas que no practicaban deporte.Hipertensión en jóvenes y atletas

Los principales factores asociados fueron el sexo masculino, el aumento del índice de masa corporal y la edad, más que la práctica deportiva en sí. Este hallazgo derriba un mito importante: el ejercicio reduce el riesgo cardiovascular, pero no elimina por completo la posibilidad de desarrollar hipertensión.

¿Qué es realmente la hipertensión?

La hipertensión se produce cuando la presión de la sangre sobre las arterias se mantiene elevada de manera persistente, lo que obliga al corazón a trabajar más y aumenta, con el tiempo, el riesgo de daños en el corazón, el cerebro, los riñones y los vasos sanguíneos. Como rara vez provoca síntomas, se la conoce como asesino silencioso.

¿Por qué puede aparecer en personas jóvenes?

La hipertensión no tiene una única causa. En la mayoría de los jóvenes se debe a una combinación de predisposición genética y factores del estilo de vida.

Entre los factores más importantes se encuentran:

Antecedentes familiares de hipertensión

Exceso de peso u obesidad

Alimentación rica en sodio y alimentos ultraprocesados;

Consumo excesivo de alcohol

Consumo de bebidas energéticas y exceso de cafeína

Uso de algunos suplementos estimulantes o sustancias para mejorar el rendimiento deportivo.

En atletas también pueden influir otros factores, como el uso de esteroides anabólicos, hormona del crecimiento o ciertos suplementos con sustancias estimulantes que elevan la presión arterial. Además, algunos medicamentos de venta libre, como descongestionantes nasales o antiinflamatorios, también pueden aumentarla.

¿Y si hago ejercicio todos los días?

El ejercicio ayuda a prevenir y controlar la hipertensión, pero no hace inmune a nadie. Incluso una persona que entrena regularmente puede desarrollarla por factores como predisposición genética, aumento de peso, exceso de sal o uso de sustancias para mejorar el rendimiento. La actividad física reduce el riesgo, pero no lo elimina.

Cuando una presión alta no significa enfermedad

Algunos deportistas presentan presión elevada solo durante la consulta médica debido a la ansiedad, fenómeno conocido como hipertensión de bata blanca. Por eso, antes de diagnosticar hipertensión, conviene confirmar las cifras mediante mediciones en casa o un monitoreo ambulatorio de 24 horas. Estudios señalan que hasta el 88 % de los atletas con registros altos en consulta pueden presentar valores normales fuera de ella, evitando así tratamientos innecesarios.

¿Se puede seguir haciendo deporte?

La respuesta, en la inmensa mayoría de los casos, es sí. Este es probablemente el mensaje más importante. Ser diagnosticado con hipertensión no significa abandonar el deporte. Todo lo contrario. La actividad física continúa siendo parte fundamental del tratamiento. La mayoría de las personas con hipertensión bien controlada pueden realizar ejercicio, entrenar e incluso competir, siempre que hayan sido correctamente evaluadas por su médico.

En algunos casos será necesario realizar estudios adicionales, como electrocardiograma, ecocardiograma o pruebas de esfuerzo, especialmente cuando la presión es muy elevada o existen otros factores de riesgo cardiovasculares. Solo un pequeño grupo de atletas con hipertensión severa o daño cardíaco importante requerirá restricciones temporales mientras logra controlar.

¿Siempre hay que tomar medicamentos?

No necesariamente. Si la hipertensión es leve, se normaliza llevando un estilo de vida saludable. Cuando estas medidas no son suficientes o la presión es muy elevada desde el inicio, pueden necesitarse medicamentos. Hoy se dispone de tratamientos seguros que permiten controlar la presión sin impedir la práctica deportiva. Entre los atletas suelen preferirse medicamentos que interfieren lo menos posible con el rendimiento físico. El objetivo no es bajar un número, sino proteger el corazón.

La importancia del chequeo deportivo

La evaluación cardiovascular de quienes practican deportes debe incluir la medición de la presión arterial, una prueba sencilla que puede detectar una enfermedad silenciosa. Especialistas recomiendan incorporarla de forma rutinaria a los exámenes físicos deportivos y confirmar cualquier cifra elevada antes de establecer un diagnóstico.

Mensaje a los jóvenes, padres y entrenadores

La hipertensión ya no es exclusiva de los adultos mayores. Cada vez vemos más adolescentes y adultos jóvenes con cifras elevadas de presión arterial, muchas veces sin presentar un solo síntoma. Pero también tenemos una ventaja enorme: podemos detectarla antes de que produzca complicaciones.

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