APUNTE.COM.DO.- El celular, los videojuegos y las redes sociales forman parte cada vez más de la vida cotidiana de niños y preadolescentes. Para el psicoterapeuta especializado en desarrollo infantil y adolescente Alberto Pellai, esta transformación también está modificando la relación entre los jóvenes y sus familias.
Según el especialista, mientras años atrás las principales discusiones familiares podían estar relacionadas con salir de noche, llegar tarde a casa o tener mayor libertad, actualmente muchos conflictos giran alrededor del tiempo que los menores pasan utilizando dispositivos digitales.
Pellai sostiene que durante los últimos años los preadolescentes han quedado cada vez más vinculados al mundo virtual, precisamente en una etapa en la que considera fundamental el contacto con experiencias reales, la interacción social y el desarrollo de habilidades emocionales.
El problema, según el especialista, no radica únicamente en utilizar un teléfono o jugar videojuegos, sino en que las actividades digitales terminen desplazando de manera significativa otras experiencias necesarias para el desarrollo.
El exceso de tiempo frente a las pantallas puede reducir el espacio disponible para actividades como practicar deportes, leer, conversar con familiares y amigos, jugar de manera presencial o desarrollar actividades artísticas.
Pellai también cita investigaciones que han encontrado asociaciones entre el uso temprano o excesivo de determinados medios digitales y algunos resultados académicos menos favorables. Sin embargo, estos estudios no significan que el uso de dispositivos sea por sí solo la causa de las dificultades, ya que intervienen múltiples factores familiares, sociales y educativos.
Para el psicoterapeuta, una situación que merece especial atención aparece cuando el mundo virtual comienza a sustituir casi por completo al mundo real.
La pérdida de interés por otras actividades, el aislamiento, la falta de motivación y la dificultad para desconectarse pueden ser señales de que existe un problema que requiere atención.
También pueden producirse conflictos cuando los padres intentan establecer límites al uso del teléfono, los videojuegos o las redes sociales. Por esta razón, Pellai considera que establecer normas debe ir acompañado de diálogo y alternativas atractivas fuera de las pantallas.
El especialista plantea que la solución no consiste simplemente en quitarles el celular a los niños o adolescentes. Los padres deben ayudarles a encontrar un equilibrio entre la tecnología y las experiencias fuera de ella.
Deportes, lectura, juegos presenciales, dibujo, pintura, música y otras actividades pueden ofrecer alternativas que permitan a los menores desarrollar capacidades sociales, físicas y creativas.
La clave está en establecer límites claros y apropiados para la edad, procurando que el tiempo de conexión no sustituya el sueño, la actividad física, los estudios, las relaciones familiares ni la interacción cara a cara.
Pellai destaca especialmente el valor de las experiencias que ocurren fuera de una pantalla. Las amistades, los desacuerdos, el primer amor, el trabajo en equipo y hasta las frustraciones forman parte del aprendizaje emocional que prepara a los jóvenes para la vida adulta.
Durante la infancia y la adolescencia, el cerebro mantiene una importante capacidad de adaptación. Por eso, mejorar los hábitos relacionados con el uso de la tecnología puede ser beneficioso incluso cuando ya se han establecido rutinas poco saludables.
Más que convertir la tecnología en un enemigo, el desafío para las familias consiste en enseñar a los niños y adolescentes a utilizarla sin permitir que termine ocupando el lugar de la vida real.
El objetivo no es eliminar las pantallas, sino lograr que sean una herramienta dentro de la vida cotidiana y no el centro de ella.




