Por qué dejar que los niños se aburran puede ayudarles a ser más creativos

APUNTE.COM.DO.- Cuando un niño dice ?estoy aburrido?, la reacción de muchos padres suele ser buscar inmediatamente algo para entretenerlo: un juego, la televisión, una actividad o una tableta. Sin embargo, la psicología plantea que esos momentos en los que no hay nada programado también pueden convertirse en una oportunidad para que los pequeños desarrollen autonomía, imaginación y capacidad para tomar decisiones.

El aburrimiento ocasional no necesariamente constituye un problema que los adultos deban solucionar. Por el contrario, cuando un niño se encuentra sin una actividad determinada, puede verse obligado a pensar qué quiere hacer, explorar su entorno y encontrar por sí mismo una manera de ocupar su tiempo.

El psicólogo John Eastwood, de la Universidad de York, ha estudiado el aburrimiento y lo describe como un estado en el que una persona desea participar en una actividad satisfactoria, pero tiene dificultades para concentrar su atención en ella. Esta sensación puede aparecer por falta de estímulos o porque una actividad no resulta suficientemente interesante o adecuada para quien la realiza.

¿Qué hacen los niños cuando se aburren?

Una investigación publicada en 2024 en el Journal of Experimental Child Psychology analizó cómo aparece el aburrimiento durante los primeros años de vida. El estudio incluyó a 130 niños de entre 4 y 6 años y examinó la relación entre su tendencia a aburrirse, la autorregulación y las estrategias que utilizaban para superar esa sensación.

Los investigadores observaron que los niños recurrían a diferentes recursos. Algunos buscaban la compañía de sus padres para jugar, mientras otros comenzaban a utilizar juguetes u objetos disponibles para crear sus propias actividades.

Estos comportamientos muestran que el aburrimiento puede llevar al niño a tomar decisiones y buscar alternativas por iniciativa propia.

El juego libre también tiene importancia

Otra investigación, publicada en Early Childhood Research Quarterly, analizó información de más de 2,200 niños australianos y estudió la relación entre el tiempo dedicado al juego libre y sus capacidades de autorregulación.

Los resultados indicaron que una mayor cantidad de juego tranquilo y no estructurado durante los primeros años de vida estaba modestamente relacionada con mejores capacidades de autorregulación posteriormente. No obstante, los investigadores señalaron que se necesitan nuevos estudios para determinar si existe una relación causal directa.

La autorregulación comprende habilidades como controlar impulsos, mantener la atención, organizar una actividad y adaptarse cuando algo no sale como se esperaba.

Por ello, los períodos de juego libre pueden ofrecer a los niños un espacio para practicar esas capacidades sin que un adulto determine constantemente qué deben hacer.

No significa dejar solos a los niños

Los especialistas advierten que esto no significa que los padres deban desentenderse de sus hijos ni eliminar las actividades organizadas. Los niños necesitan afecto, interacción, acompañamiento y ambientes adecuados para su desarrollo.

La clave estaría en evitar que cada momento de aburrimiento sea interpretado automáticamente como una situación que los adultos deben resolver.

Permitir que un niño pase algún tiempo sin una actividad previamente establecida puede darle la oportunidad de descubrir sus propios intereses, inventar juegos y desarrollar soluciones.

¿Cuándo debe llamar la atención?

También es importante diferenciar entre el aburrimiento ocasional y una dificultad persistente para involucrarse en actividades.

No es lo mismo que un niño no sepa qué hacer durante una tarde libre a que muestre de manera frecuente problemas para concentrarse, participar o disfrutar de actividades tanto en casa como en la escuela.

En definitiva, aburrirse de vez en cuando no necesariamente es algo negativo. Cuando existe un entorno seguro y adecuado, esos momentos pueden convertirse en pequeñas oportunidades para desarrollar creatividad, iniciativa, autonomía y capacidad de autorregulación.

La próxima vez que un niño diga ?estoy aburrido?, quizá no sea necesario encontrarle inmediatamente algo que hacer. A veces, dejarle un poco de espacio para descubrirlo por sí mismo también forma parte de su aprendizaje.

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