REDACCIÓN SALUD | APUNTE.COM.DO./ Durante generaciones, el refrán “El mal comido no piensa” ha sido utilizado para describir una realidad aparentemente sencilla: cuando una persona no se alimenta adecuadamente, también disminuye su capacidad para concentrarse, aprender y desenvolverse con normalidad.
Aunque la expresión pertenece a la sabiduría popular y no constituye una afirmación científica en sentido estricto, la investigación moderna sí ha encontrado una relación importante entre nutrición, desarrollo cerebral y funcionamiento cognitivo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que una alimentación saludable es fundamental para el bienestar y que las prácticas alimentarias establecidas desde la infancia pueden extenderse durante toda la vida. La institución destaca además que una nutrición adecuada durante los primeros años favorece el crecimiento y el desarrollo cognitivo.
El cerebro también necesita una buena alimentación
El cerebro requiere un suministro constante de energía y nutrientes para mantener sus funciones. Una alimentación equilibrada proporciona proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas y minerales necesarios para el funcionamiento del sistema nervioso.
Harvard Health explica que una nutrición adecuada aporta los nutrientes que el organismo necesita para mantener, entre otros órganos y sistemas, el cerebro, los nervios y los músculos.
Esto ayuda a entender por qué pasar largos períodos sin comer, alimentarse de manera insuficiente o mantener una dieta con importantes carencias nutricionales puede repercutir en la energía, la atención y el desempeño cotidiano.
No se trata simplemente de comer mucho. La calidad y el equilibrio de la alimentación son fundamentales.
La OMS establece cuatro principios básicos para una dieta saludable: adecuación, equilibrio, moderación y diversidad. También recomienda que la alimentación se base principalmente en alimentos mínimamente procesados y no procesados, con cantidades apropiadas de grasas, azúcares y sodio.
Hierro: un nutriente clave para el rendimiento mental
Entre los nutrientes que han recibido especial atención se encuentra el hierro.
La OMS indica que este mineral es esencial para el desarrollo y crecimiento celular, incluidos los sistemas neurológico e inmunitario. En niños, la anemia por deficiencia de hierro se ha relacionado con un menor desarrollo cognitivo y un peor desempeño escolar.
La deficiencia de hierro es particularmente importante durante las etapas de crecimiento, cuando aumentan las necesidades nutricionales. Por esa razón, una alimentación insuficiente puede convertirse en un obstáculo adicional para niños que se encuentran en pleno proceso de aprendizaje.
Esto no significa que cualquier dificultad escolar sea consecuencia de una mala alimentación. El rendimiento académico depende de numerosos factores, entre ellos la calidad de la enseñanza, el descanso, el entorno familiar, la situación socioeconómica, la salud y las condiciones emocionales.
Pero la nutrición forma parte de ese conjunto de factores.
La infancia es una etapa especialmente sensible
Los primeros años de vida son determinantes para el desarrollo del cerebro.
La OMS advierte que la desnutrición crónica durante la infancia puede afectar el desarrollo físico y mental. También señala que las deficiencias de micronutrientes pueden perjudicar la salud y el desarrollo, especialmente en los niños.
La propia organización destaca que los problemas derivados de una nutrición insuficiente no siempre son visibles. Una alimentación deficiente puede afectar capacidades relacionadas con el lenguaje, el aprendizaje, el comportamiento y, posteriormente, la capacidad de trabajo.
De ahí que la alimentación infantil no deba considerarse únicamente un asunto relacionado con el peso o el crecimiento físico.
También es una cuestión de desarrollo intelectual.
No solo importa cuánto se come, sino qué se come
Otro aspecto importante es diferenciar entre alimentación suficiente y alimentación saludable.
Una persona puede consumir suficientes calorías y, al mismo tiempo, tener una dieta pobre en determinados nutrientes. La malnutrición comprende distintas situaciones, desde la desnutrición hasta las deficiencias de vitaminas y minerales y, en el otro extremo, el sobrepeso y la obesidad asociados a patrones alimentarios poco saludables.
Por eso, los especialistas insisten en la variedad.
Frutas, vegetales, cereales integrales, legumbres, fuentes adecuadas de proteínas, frutos secos y otros alimentos nutritivos pueden formar parte de una alimentación equilibrada, siempre adaptada a las necesidades de cada persona.
La OMS recomienda precisamente una dieta diversa y equilibrada como base para una buena salud.
La alimentación también importa en la edad adulta
La relación entre dieta y cerebro no termina en la infancia.
Investigaciones recientes también han estudiado la relación entre determinados patrones alimentarios y el envejecimiento cerebral. Harvard Health informó en 2026 sobre resultados del Framingham Heart Study que relacionan una mayor adherencia a la dieta MIND con un menor deterioro cognitivo y una mejor preservación de algunas estructuras cerebrales durante el envejecimiento.
Estos resultados no significan que una dieta específica pueda prevenir por sí sola enfermedades neurológicas, pero sí refuerzan una idea ampliamente aceptada: lo que comemos forma parte de los factores modificables que influyen en nuestra salud cerebral a lo largo de la vida.
La sabiduría popular y la evidencia científica
El viejo refrán probablemente no fue formulado pensando en neurotransmisores, micronutrientes o desarrollo neuronal. Surgió de la observación cotidiana de que una persona hambrienta o debilitada tiene mayores dificultades para desempeñarse normalmente.
La ciencia moderna permite explicar con mayor precisión esa observación.
Cuando existe una alimentación insuficiente o una deficiencia nutricional importante, pueden aparecer problemas de salud que afectan la energía, el desarrollo y determinadas funciones cognitivas. En los niños, las consecuencias pueden ser especialmente relevantes debido a que el cerebro todavía se encuentra en pleno desarrollo.
Por eso, más que afirmar literalmente que “el mal comido no piensa”, la evidencia permite decir que una nutrición deficiente puede limitar las condiciones necesarias para que el cerebro funcione y se desarrolle adecuadamente.
Comentario editorial
Para Ramiro Estrella, periodista y abogado y director ejecutivo de Apunte.com.do, el refrán adquiere una nueva dimensión a la luz de la evidencia científica.
“Durante mucho tiempo, nuestros abuelos expresaron en pocas palabras lo que hoy la ciencia estudia con métodos, estadísticas y evidencias. Una persona que no recibe una alimentación adecuada puede enfrentar mayores dificultades para mantener su energía, concentrarse y desarrollar plenamente sus capacidades, especialmente durante la infancia.
Por eso, combatir el hambre y mejorar la nutrición no debe verse solamente como una política de salud. También es una inversión en educación, productividad y desarrollo humano.
Una sociedad bien alimentada tiene mejores condiciones para aprender, trabajar, crear e innovar. La sabiduría popular, una vez más, nos invita a reflexionar sobre una verdad que la ciencia continúa estudiando: alimentar bien el cuerpo también es cuidar el cerebro.”