Lo que se dijo en amistad, no se divulga en enemistad. Aprendan a ser leales

La lealtad es uno de los valores más apreciados, porque desgraciadamente, también es uno de los que más han ido quedando en el olvido. Ser leal es reconocer que no estamos solos como individuos, sino que nuestra existencia se inscribe en un marco más amplio: la familia, una cultura, una nación y grupos humanos hacia los cuales debemos reconocimiento y respeto.

Estos deberes van más allá de lo que la ley o las costumbres imponen. Muchas veces ser leal implica renunciar a cosas que queremos, entre las que se encuentran también nuestro propio orgullo o nuestra propia vanidad, pero es la única manera de probar que la lealtad es sincera.

La lealtad es una virtud, pero también es cierto que muchas veces se opone a intereses individuales y en cierta forma a la razón crítica. El compromiso que establecemos cuando damos nuestra palabra es fundamental, y es quien fundamenta no sólo al respecto que tenemos por otra persona, sino también el respeto que tenemos por nosotros mismos. Porque en definitiva… Si no tomamos nosotros mismos nuestra palabra en serio, ¿quién lo hará? Si no le damos nosotros valor a nuestro propio honor y a nuestro propio compromiso, ¿cómo podrían otros darle valor o importancia?

Cuando las circunstancias cambian, se termina la lealtad.

Por supuesto, las circunstancias pueden cambiar, las personas pueden cambiar y mantener la palabra, no siempre es posible. La lealtad con el paso del tiempo se puede diluir, sobre todo si no es utilizada y podemos encontrarnos todos en una situación en la que ya no sentimos nada por quien fue un viejo amigo o incluso por nuestra propia pareja.

La lealtad entonces es el último gesto que tenemos en una relación y que consiste en romper con una persona de manera franca y sincera, dejando claro que no hay esperanzas de retomar la relación, porque de otra manera, lejos de ser una actitud gentil, se transforma en una realidad cruel para las personas, porque quedan sumergidas en una esperanza sobre algo que ya no podrá volver a ser. Eso también es ser leal.

Pero hay algo que debemos tener en claro y que es esencial dentro de los valores que todos debemos cultivar como seres humanos: la lealtad hacia una persona o un grupo de personas es independiente de la actitud que esta persona o este grupo de personas tiene hacia nosotros. Podemos ser siempre leales hacia alguien que nos rechaza o nos maltrata y esta es sin duda la mayor prueba real de lealtad que puede expresar un ser humano.

Esto mismo aplica a la lealtad hacia nuestro país o nuestra familia o incluso hacia un empleador que nos ha jugado una mala pasada. No estamos obligados a quererlos ni a aprobarlos ni a intentar obtener beneficios secundarios, simplemente nos respetamos a nosotros mismos y somos leales aún ante la adversidad.

Lealtad y coraje.

La lealtad exige una gran dosis de coraje, porque para ser uno mismo se necesita mucho valor. Nos guste o no nos guste, todos debemos librar más de la batalla a lo largo de nuestra vida y eso es algo que debemos tener siempre presente.

¿Alguna vez te pusiste a pensar cuánto amor implica ser leal? La lealtad es un bien tan preciado que para poder darlo a los otros antes debemos poder amar de manera sincera, real y respetuosa y esto a su vez hará que otros puedan brindarnos su propia lealtad también de manera sincera, real y respetuosa.

- Alguien pudo haberme sido infiel, pero no necesariamente desleal.

- Un amigo pudo haberme defraudado, pero nunca revelaría sus secretos.

- Mi jefe pudo haberme maltratado, pero nunca conspiraría para perjudicarlo.

¿En qué nos convertiríamos si nos dejáramos llevar por la ira y el enojo? Nuestro sentido de la lealtad no tendría sentido y pasaríamos a ser desleales con nosotros mismos.

Tal vez algunos se rían de quienes son fieles a sus ideas o a sus amores, tal vez se rían de quienes siguen aún aferrados a su fe. ¿Eso quiere decir que estas personas nunca podrían traicionar o ensuciarse las manos? No lo sabemos, pero sí podemos asegurar que quienes siguen siendo fieles a sus ideas, sus amores o a su fe, han sabido mantenerse leales a sí mismos y seguramente se sienten orgullosos y felices por eso.

¿Qué opinas sobre la lealtad? ¿Crees que ser fiel y ser leal es lo mismo o una persona puede ser una cosa y no la otra? ¡Comenta y comparte!

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